Cuál es tu carga!

Cuál es tu carga?

Un hombre iba por un camino con una pesada carreta de frutas y vegetales casi sobre sus espaldas. Caminaba lenta y sufridamente, no podía él solo con tanta carga.

Un hombre que pasaba, lo vio y le preguntó: "¿Hacia dónde vas con esa carreta?".

El hombre lo miró y le respondió insolentemente:

"¿Por qué me preguntas si tú no me vas  ayudarás?". Y siguió su camino.

En otro lugar, alejado de allí, otro hombre iba cargando una carretilla llena de ladrillos. Se acercó un señor, que lo veía y  le preguntó:

"¿Hacia dónde vas con esa carretilla?".

El hombre respondió: "Voy al pueblo".

Este señor le dijo:

"¿Quieres que te ayude con esa carga?".

El hombre le contestó: "Puedo solo"...

En otro lugar, un hombre iba cargando un montón de leña atada con una cuerda. Se acercó una mujer, que lo veía, le dijo:

"¿Hacia dónde vas con esa leña?"

El hombre respondió: "La llevo a mi casa al otro lado de ese cerro".

La mujer le dijo: ¿quieres que te ayude?".

El hombre, accedió y ella  tomó la cuerda y cargó la leña.

Poco habían caminado, cuando el hombre  quiso quitarle la leña, ella insistía en que podía continuar con la carga, pero se negaba  y la volvió a cargar él mismo.

La mujer siguió caminando a su lado y un kilómetro más adelante, el hombre se la volvió a entregar para que ella la cargara. Pero, más adelante, el hombre se la volvió a quitar y la cargó nuevamente y así siguió a lo largo del camino...

En otro lugar, muy lejos de allí, otro hombre iba por un camino llevando un pesado costal de arena.

Un hombre que lo veía, le dijo: "¿Hacia dónde vas con ese costal de arena?".

El hombre respondió: "Tengo que llevárselo a mi patrón, que vive a 5 Km. de aquí".

Le dijo: "¿Quieres que te ayude?

El hombre sonrió y le dijo: "¡Oh sí señor, yo ya no puedo con esta carga!" y se la entregó.

Siguieron caminando y el hombre le iba contando al señor alegremente de su vida, de su familia y de su trabajo. Le hacía preguntas, le pedía opiniones, en fin, el hombre y el nuevo amigo, conversando y conversando, llegaron a destino. El hombre ya no se había acordado más de su carga. El señor mismo cumplió la encomienda de entregársela al patrón de aquel hombre.

El hombre agradeció mucho la ayuda y el señor le dijo: siempre que me necesites puedes contar  conmigo.

¿Con cuál de estos cuatro hombres te identificas?

¿Eres como el primero que cuando tienes problemas, no tomas en cuenta a nadie?...O ¿eres como el segundo hombre, orgulloso y soberbio, que no acepta la ayuda de otro?... O ¿eres como el tercer hombre, que entrega su carga, pero en realidad su fe es escasa y decide volverla a cargar él mismo? O ¿eres como el cuarto hombre, que mantiene una buena relación consigo mismo y humildemente y con alegría, acepta ayuda y se olvida de su carga hasta el final del camino, porque confía en otros para que le puedan ayudar a librar de esa carga, al punto de que él ya no tiene que preocuparse más por ella?...

Así es como Dios trabaja. El se vale de otros semejantes a ti para enviar ayuda, a otros que con su amor y desinterés te sirven de ayuda para aliviar tu carga. Pero para eso es necesario que tengas un corazón humilde y abierto para ver y aceptar  la ayuda cuando se ofrezca; Debes permitir que otros puedan ayudarte.  Dejar atrás la arrogancia, el orgullo, la soberbia y comenzar a creer y confiar sin temor.

¿Cuáles son aquellas cargas que has puesto sobre tus hombros y no has dejado que Dios te ayude a llevarlas? ¿No será que el cansancio, estrés y fatiga que sientes a diario es porque tienes sobre tus hombros cargas que aún no has soltado?

¿Decepción, traición, resentimiento, abuso, abandono, soledad, tristeza, baja autoestima, adicciones...?

Mira a tu alrededor y piensa en esa persona que Dios te está enviando para ayudarte a aliviar tu carga. Solo cuando voluntariamente entregues esa carga, aprenderás a vivir tu vida, porque tu Creador la tomará y la cargará sobre Sus hombros para permitir que vivas como un  hijo eternamente amado.

 

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Con cariño,

Alexandra Liberato

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